sábado, 29 de octubre de 2016

Al amado mío


(Mi esposo y yo en la actualidad)



Al amado mío


Tus pasos se agotan
amado mío...
en estos días de luz trémula.

Las manos cavilan;
se detienen ahora
en tus herramientas;
y luego vuelan como mariposas
hacia los panes crocantes.

Otras veces examinas
los ajíes frescos,
amarillos, pequeños...
que sembraste en tus macetas,
y vas regando las hojas de albahaca
y se esparce la fragancia
por el patio añejo.

Hoy te vi cansado...
sin tu energía habitual,
compañero,
enlazado a mis días...

Virtud hay en estos versos
que algunos desprecian.

Pero yo voy macerando
las palabras
en mi pecho guardadas
para entregártelas
como pálidos pétalos
que de mi mano desmayan.

Son todas para ti,
llevan cintas satinadas,
celestes, lilas,
verde agua.

Para tu descanso
las sembré en estas páginas,
para el sosiego de tu alma.

Son mi regazo tibio
para tu cansancio,
oh, amado mío...


Dedicado a mi esposo

De mi poemario "Sendero de inspiración"
29 de octubre 2,016

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657

viernes, 21 de octubre de 2016

Morir de amor


Morir de amor


Morir de amor,
de recuerdos,
de un ayer que duele.

Irrevocable ausencia
de dos
¡que se amaron tanto!
que ya no son más.

Quisiera retornar
a los años celestes,
a las piedrecillas
en mi ventana
que me anunciaban
tu llegada.

Ecos de risas
regresan del pasado...
juegos de niños
de tanta juventud
que se desbordaba
en aquel beso tuyo
que agonizaba
en mis cabellos...

Mariposa alada
que de pronto
toda azul se posaba
entre las rosas,
que humildes
me ofrendaban
tus manos.

Hoy, las nieves del tiempo
van tiñendo
nuestras cabezas...
tus ojos amados
se nublan...

Y mi voz se quiebra
en estos versos alados
que intentan
alcanzar
tu silencio.


Ingrid Zetterberg

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
20 de Octubre 2,016

De mi poemario "Fragancia espiritual"

martes, 11 de octubre de 2016

Vana tinta...(2da. versión)



Vana tinta


Penumbra de los libros
que nada dicen,
que nada son.

¡Y hemos perdido tanto!

Son palabras muertas;
tinta vana
que se secó en el umbral
del alma.

Como dictadas
por ojos fieros,
que nos miran ocultos
desde adentro.

Por tanto, no sacian.
No logran entrar
en los vacíos sedientos.

Metáforas que no alumbran;
sin forma, sin color;
que no dejan huella
ni sensibilizan al lector.

Yo busco
los frutos dulces,
que dejaron caer
los caminantes
formados en luz.

Yo busco los vocablos
que lloran al otoño
en su inminente adiós.

Los versos tibios
que endulzan el azul
con sutilezas.
Los poemas escritos
con lágrimas.

Yo busco el sendero
que formaron al andar
los poetas del crepúsculo;
los que escribieron
con el alma...

Los que esparcieron
música;
los que dejaron
dolor y paz
para alimentar.


Ingrid Zetterberg

De mi poemario "Fragancia espiritual"

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
11 de octubre 2,016

lunes, 10 de octubre de 2016

Orfandad


Orfandad

En una tienda de cualquier calle, de mi tiznada ciudad, un niñito andrajoso, casi desnudo,
se acerca a una alta vitrina, a contemplar con lastimosa mirada un pastel apetitoso; y
empinándose para ser visto, pregunta con temor: ¿Cuánto cuesta ese pastel?- Y una voz
indolente le contesta: -En la pizarra está el precio.- Y el pequeño que no sabe leer, todo
ojos, todo tristeza, mira en derredor suyo, como buscando quien sabe qué.

Luego saca de sus mugrosos bolsillos, una moneda; una sola moneda de un sol: S/.1.00
Y pregunta otra vez: ¿Cuánto cuesta ese pastel?- Y una voz impaciente le responde:
-Cinco soles, muchacho, cinco soles.- S/.5.00 Y el pobre niño apretando en su mano
su única moneda de un sol, S/.1.00, se aleja cabizbajo hacia la calle, a sentarse en el
dintel de alguna puerta, como si le pesaran demasiado los ocho años que lleva sobre su piel.

En la oscura avenida, la gente va y viene, distraída; los omnibuses echan su estela de veneno
al pasar; y el vendedor de revistas se dispone a cerrar su puesto. Pero el chiquillo
inadvertido para todos, se acurruca en una puerta de la noche, con hambre y sin niñez.

Apretado en su rincón, está llorando; aún tiene en su puño cerrado la moneda de un sol,S/.1.00
Pasan bromeando los estudiantes. Los cansados obreros regresan a sus hogares, mientras
las bocinas se remedan. Ruedan las colillas de cigarro, empujadas por el frío viento;
un borracho solitario, se tambalea en una esquina, entre luces de avisos que parpadean.

Pero nadie ha visto al pequeño vagabundo, que no conoce mesa, ni cama, ni madre; y
ahora ha dejado de llorar para dormirse con su hambre.

Ingrid Zetterberg

Dedicado a los niños pobres de la ciudad de Lima

De mi poemario "Jardines de antaño"

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
11 de octubre 2,016

lunes, 3 de octubre de 2016

El canto de la tórtola


El canto de la tórtola


Se acerca el día final...
el día en que he de cerrar
esta puerta
que me lleva hasta tu alma.

Remembranzas
que quieren aferrarse a mi lira,
las he de dejar.

Y siento que un sol se apaga,
un sol inmenso de añoranzas
que no habrán de retornar.

Dejar este rincón tuyo y mío,
no es tarea fácil...
no es cosa de todas las horas
abandonar tus manos,
tus faenas,
tus delgados pasos.

Sé que me harás falta
en noches como ésta.

Sé que te irás lento de mis letras,
con tus hortalizas,
tus migajas 
desperdigadas en la huerta...

Y ya no cantarán en mis versos
los pajaritos amarillos, que alimentas.

Se acerca el broche final
con el cual habré de sellar
este libro que lleva cautivas
tu vida y la mía.

Décadas de luz y sombras,
en que el viento llevó muy lejos
el canto de la tórtola.


Ingrid Zetterberg

Dedicado a mi amado esposo

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
4 de octubre 2,016

De mi poemario "El canto de la tórtola"

Recuerdos al amanecer


Recuerdos al amanecer


Hoy miraba tus semillitas
de albahaca
esparcidas sobre húmedo algodón.
Trabajo minucioso 
de tus manos.
Y supe que no acepto un adiós.
No acepto que te difumines
como una sombra en mi vida.

Así, manso, sigiloso,
te quiero yo.
Con tus pasos vacilantes
entre el patio
y los corredores.

¡Ah! me sorprendiste
una mañana lluviosa
de invierno gélido,
Había música
en esa afilada cortina
de lluvia,
y tu rostro encandiló mi alma.

¡Qué recuerdos
se me agolpan de pronto
en esta madrugada!

Tu perfil, tu mirar,
aún no han muerto en mí;
puedo tocar de repente
los castaños crespos
de tu nuca...
que me rindieron;

puedo sentir
el aroma
que emanaba de ti.

Han pasado cuarenta y seis años
desde entonces...
y ya no puedo vivir.

Todo nos fue robado,
nuestra mutua juventud...
nuestras risas de antaño
como aguas claras, rebosantes,
se aquietaron ya.

Y una lágrima
resbala inquietante,
y ya estos versos
se disponen a expirar.


Ingrid Zetterberg

Dedicado a mi amado esposo

Todos los derechos reservados
S.C. Cta. Nº 1107040430657
4 de octubre de 2,016

De mi poemario "El canto de la tórtola"