jueves, 10 de noviembre de 2016

La decepción



La decepción


¡Qué pronto olvidó el varón
la inocente flor
ataviada de blancos tules,
que le obsequiara Dios!

De su jardín
orquídea preciosa,
delicada, sutil...
sedienta de cuidados
para sobrevivir.

La amaba con celo....
la cubría con su tibio aliento,
y con palabras
que semejaban canción
la llenaba de embeleso.

Ella correspondía
con selecto amor,
con la luz de su suave tacto
lo bañaba de esplendor.
Era su príncipe...
el escogido de su pasión.

Mas de pronto una tarde
paseándose en su jardín, él tropezó
con una flor encendida y radiante,
dorada como el sol;
mas sus hojas lanceoladas
eran ásperas
a pesar que de sus pétalos
emanaba grato olor.

Este joven quedó preso
de la hermosura
y delicadeza
de aquella flor de fuego.

La contemplaba
a cada instante...
le regalaba largas horas
de su atención,
mientras mimándola
la regaba con su voz.

Muy cerca de allí
la orquídea celosa
empezó a marchitarse....
no abría más sus capullos,
inclinada en la sombra
sentía la ausencia
de aquel que la amó.

Y una mañana el muy tunante
corrió hacia su jardín
pletórico de emoción...

Se inclinó para acariciar
a su dorada flor
y de pronto duras espinas
le causaron dolor
y una herida sangrante
en sus dedos halló.

Notó asimismo
el decaimiento de su orquídea,
otrora tan hermosa.
Llegó a una conclusión:
Era mala hierba
su admirada flor...

¡Qué situación decepcionante!

Así suele suceder con el varón
falto de sabiduría
que en su necedad y porfía
¡desprecia a su esposa
y la cambia por una amante!


Ingrid Zetterberg

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10 de noviembre 2,016

(De mi poemario "Sendero de inspiración")